Consejos para mantener la casa cálida y confortable en otoño
Ecosistema
Sep 30, 2021
5 min
Para mantener una casa cálida de forma económica cuando llega el otoño lo mejor es recurrir a soluciones tradicionales.

Fundamentalmente consiste en limitar las pérdidas en forma de calor que tenemos en nuestro cuerpo. Las soluciones estructurales, las que tienen que ver con la morfología y construcción de la vivienda, son difícilmente adoptables en el día a día, por lo que tenemos que adaptarnos al medio. Si analizásemos cualquier vivienda, por antigua que sea, veremos que la mayor pérdida de calor se produce a través de las ventanas. Así, unas cortinas y persianas en invierno y toldos en verano pueden ser una gran solución.

Es importante ventilar la casa, no sólo por salubridad, sino también para eliminar la humedad que se forma en los baños y cocina. Sin embargo, cuando no hay un sistema de ventilación centralizada hay que hacerlo con cabeza. Por una sola ventana habitual, de 1.40×1.20m, por ejemplo, el aire puede circular saliendo por la parte superior y renovar fácilmente una habitación en un cuarto de hora. Si aprovechamos para ventilar durante las horas de más calor o, mejor aún, cuando el sol calienta esa ventana perderemos el mínimo de calor.

Dentro de ese aprovechamiento del calor ganado y perdido, lo ideal sería permitir la entrada de sol directa a través de nuestros cristales levantando persianas y cortinas cuando incida directamente sobre el vidrio, permitiendo que pasen los rayos de sol y que el vidrio se caliente. En cuando el sol deje de incidir directamente, un visillo o una cortina ligera pueden dejar pasar la luz sin tener pérdidas por radiación al exterior. En cuanto se haga de noche, es fundamental bajar las persianas y, a ser posible, cerrar las cortinas para que el calor no se pierda a través de la ventana. Quizá, una de las soluciones más económicas y efectivas es cambiar el mecanismo tradicional de las persianas por un motor con conexión wifi o programable. Suele ser incluso más barato que cubrir la ventana con una buena cortina con forro y guata, y ofrece una gran comodidad.

Otro aspecto tradicional es fijarnos en los viejos castillos y caserones de la Edad Media, que contaban con camas con dosel que daban más privacidad a sus dueños y funcionaban como última protección ante la pérdida de calor. Estas edificaciones también poseían unas buenas cortinas y alfombras para reducir las pérdidas térmicas. En este sentido, es habitual en verano quitar y poner alfombras y cortinas a la vez que nos quitamos el edredón para no pasar calor, pero hay que acordarse que, cuando llega el otoño, todo eso tiene que volver a su sitio antes de que lleguen los fríos agudos. Como paralelismo, es como cuando salimos a la calle: en invierno nos ponemos un buen abrigo y unas buenas botas, y cuando llega el verano se va más ligero.

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